El metro y su fauna

📅 14/05/2016

Mientras se abren las puertas del metro, las personas se organizan según la convención social que dicta que por modales y ética se deja pasar a los que salen, mientras que los que entran se organizan aunados en dos grupos separados (por el torrente de personas) a ambos lados de cada puerta del transporte.

Los problemas surgen cuando el flujo de este torrente es elevado, haciendo que las puertas dispensoras no den abasto, ralentizando el paso, y evocando sentimientos de desesperación y ansiedad en los pasajeros que educadamente esperan su turno para entrar. Entonces, el tiempo de espera agotado inicia el sonido clave (la alarma que avisa el cierre de puertas) que dispara el sentido más animal de estas personas, que se vuelven seres irracionales guiados por su instinto más básico (el animal, sálvese quien pueda) que se agolpan en la entrada del susodicho transporte. Los pasajeros que todavía intentan desembarcar ven mermadas en cierto porcentaje sus posibilidades de cumplir este efímero objetivo, y se ven forzados a modificar su conducta y reaccionar cual bestia parda lo haría.

Y en medio de este caos, estoy yo, observando este panorama de violencia puramente animal, desde una posición retrospectiva, calificando los tipos de seres y sus comportamientos. En ese preciso momento descubro al macho alfa, que arrastrando a su hembra se abalanza desde al andén hacia el interior del vehículo. 

Yo, que guiado por la desesperación del momento, y por ese sonido aterrador que avisa del cese de la estancia del tren en esta estación, me abalanzo hacia el andén, y viendo como el machito de turno no cede el paso (quizás como muestra de valentía, rigidez, poder, o supremacía hacia su hembra, quien mas tarde lo vanagloriará en un ritual sexual denigrante para ella misma) yo no puedo sino tratar de evitar la inminente colisión de estas dos masas que son nuestros cuerpos. En ese momento imagino las posibilidades de la situación, como si de un libro de aventuras se tratase:

  • Podría incidir en el impacto adrede, provocar al macho alfa (que sin duda responderá ante tal provocación dado su bajo nivel de coeficiente intelectual) y partirnos la cara allí mismo.
  • Podría tratar de realizar un movimiento especial que, cual película de acción americana, experimentase un retraso del continuo espacio-tiempo y permitiese a mis extremidades realizar una maniobra de evasión completamente sincronizada a la situación, de tal modo que se evitase la colisión ante la atónita mirada de los allí espectadores.
  • O podría optar por el clásico pero no por ello peor “¡Ay que te esquivo pero no te esquivo!” seguido del genuino y purísimo gesto inclinado de cabeza siempre acompañado de un “¡Perdón!” que expresa más un carácter de índole social adaptado a este tipo específico de situación que una simple palabra de disculpa.