No sé

📅 18/08/2018

Suena un solo de guitarra que lentamente decrece su volumen mientras el chico camina por la calzada descalzo. Se cruza un gato.

Mientras la música se desvanece el chico se adentra en una niebla que confunde con sus pensamientos de soledad y existencia.

Sumido en un total silencio, atisba un rayo de luz que se cuela desde una grieta del suelo. Se asoma a observar.

Se resbala. Debilidad y torpeza lo arrastran hacia un abismo iluminado por sentimientos que desconoce. Pero no tiene miedo.

Un raro sentimiento de tranquilidad le invade. Ha visto la vida, lo que le queda por vivir, y no lo desea. Prefiere refugiarse en relatos de fantasía, en futuros inalcanzables y numerosas utopías.

Lo que le acontece no puede ser peor que lo que ha pasado. Observa a su alrededor.

La luz cambia de tonalidad según desciende en caída libre. Por primera vez se pregunta si se trata de un sueño.

Intenta mirar al fondo la grieta, pero la luz le deslumbra. No imagina un final. Se pregunta si existe un fin para esa caída, se pregunta si morirá aplastado, o si simplemente despertará un poco asustado en su cama de siempre. En el cuarto de siempre. En el pueblo de siempre. Con la gente de siempre. Con las estúpidas normas de siempre.

¿Es mejor no ser, por querer ser algo que no puedes ser, o resignarte a ser algo que no quieres ser, por saber que no puedes ser lo que quieres ser?

Los trabalenguas nunca le gustaron. Al fin ve que los colores cambian de tonalidad y se oscurecen. Vuelve a mirar al final de la grieta, y consigue distinguir una pequeña esfera perfecta que gira mientras cientos de partículas se desprenden de ella. Cada partícula adquiere un color y se adquiere a las paredes formando una capa de color uniforme que varía conforme asciende.

Lo ha pensado bien. No quiere despertarse, prefiere esa realidad ficticia a enfrentarse a lo que siempre ha sido un reto demasiado importante para él: Crecer. Anhela los días en que todo el mundo era fantástico para el, en que todo estaba cubierto de secretos y desconocimiento, en que todas las posibilidades eran abiertas.

El mundo que ve ahora, está podrido. No lo quiere.

Escucha un gran estruendo. El suelo se acerca.

Se estampa.

La esfera perfecta ya no está. Las partículas se desvanecen.

Entre sangre y costillas rotas recuerda sus pensamientos de soledad y existencia.

Se despierta. Está tirado en una carretera en medio de la noche, en medio de la nada, en medio de ningún lugar. Maldice el sueño, y desea no haberse despertado, y no volver a la rutina. Camina por la carretera de vuelta a su hogar desdichado. Una suave neblina lo envuelve dulcemente, sin que llegue a notarlo.

De repente, ve una luz, que emana de una grieta en el suelo…